Yo tenía miedo a la oscuridad,
hasta que las noches se hicieron largas y sin luz
Yo no resistía el frío fácilmente,
hasta que aprendí a subsistir en ese estado
Yo le tenía miedo a los muertos,
hasta que tuve que dormir en el cementerio
Yo sentía rechazo por los rosarinos y por los porteños,
hasta que me dieron abrigo y alimento
Yo sentía rechazo por los judíos,
hasta que le dieron medicamentos a mis hijos
Yo lucía vanidoso mi pulóver nuevo,
hasta que se lo di a un niño con hipotermia
Yo elegía cuidadosamente mi comida,
hasta que tuve hambre
Yo desconfiaba de la tez cobriza.
hasta que un brazo fuerte me sacó del agua
Yo creía haber visto muchas cosas,
hasta que vi a ni pueblo deambulando sin rumbo por las calles
Yo no quería al perro de mi vecino,
hasta que aquella noche lo sentí llorar hasta ahogarse
Yo no me acordaba de los ancianos,
hasta que tuve que participar en los rescates
Yo no sabía cocinar,
hasta que tuve frente a mí, una olla con arroz y niños con hambre
Yo creía que mi casa era más importante que las otras,
hasta que todas quedaron cubiertas por las aguas
Yo estaba orgulloso de mi nombre y apellido,
hasta que todos nos transformamos en seres anónimos
Yo criticaba a los bulliciosos estudiantes,
hasta que de a cientos me tendieron sus manos solidarias
Yo estaba bastante seguro de cómo serían mis próximos años.
Pero ahora ya no tanto
Yo no recordaba el nombre de todas las provincias.
Pero ahora las tengo a todas en mi corazón
Yo no tenía buena memoria, tal vez por eso ahora no recuerde a todos.
pero tendré igual lo que me quede de vida para agradecer a todos
Yo no te conocía, ahora eres mi hermano
Teníamos un río, ahora somos parte de él
Es la mañana. Ya salió el sol y no hace tanto frío. Gracias a Dios.
Vamos a empezar de nuevo.